Es una obra en madera cuya construcción se inició en 1916 con un plano diseñado por don Pedro Bobea. Su proceso de construcción fue lento y la casa no fue terminada hasta inicios de 1918.

La casa fue construida por el matrimonio integrado por José Celestino Hernando Matos y doña Luisa de la Mota de Moya.

Don José Celestino, nació en Jarabacoa en 1880, en su época aprendió a trabajar en la teneduría de libros, función que desempeñó antes y después de su participación en política. Fue

Capitán de la Guardia Republicana , y escogido por el General Cirilo de los Santos entre los famosos 21 hombres más guapos del país. Murió en 1967.

Doña Luisa de la Mota de Moya nació en La Vega , procreó cuatro hijos con dos Celestino: Celestino (fallecido), Judith, Violeta y Altagracia.

La vivienda la levantaron junto a su familia, en un área exclusiva de la ciudad bautizada con el nombre Villa Carolina en honor a su esposa, donde finaliza la calle Progreso, en los terrenos de don Zoilo García. Para su construcción, don Celestino trajo de San Francisco de Macorís al maestro constructor don Domingo Robinson y su hijo Dominguito, artistas en la elaboración de calados en madera.

La madera utilizada fue pino criollo, preparado en el aserradero de don Zoilo García. La parte frontal, el interior y el cielo raso fueron entablados con tabloncillo acordonado, clavado en los setos en posición vertical. El piso también fue cubierto con tabloncillo liso.

La galería, originalmente en madera, fue eliminada para dar paso a la primera galería en concreto armado que se vaciaba en esta ciudad, trabajo realizado por un albañil traído de San Francisco de Macorís, llamado Marquito. Cuenta con una baranda con más de cincuenta balaústres y seis columnas de cono truncado, fuste estriado y capitel casi corintio, simétricamente espaciados en la parte delantera y dos en cada esquina de la parte trasera que la unen al cuerpo de la casa. Dicho capital sostiene un arco abierto de madera que sirve de soporte a una decorada cornisa. La entrada está colocada en el lado del extremo oeste de la galería, lo que refuerza la unidad de la parte frontal como galería corrida. Las basas de las columnas, aunque circulares sobre la línea de la baranda, se prolongan hacia el piso en pilotillos prismáticos de base cuadrada, con decoraciones en bajorrelieves. Después de la basa y antes del capitel hay sendos anillos que demarcan el fuste. A la salida del comedor hacia el patio tiene una pequeña galería o terraza y la cocina fue construida separada de la casa, sin conexión directa con la misma.

Está techada de zinc, conservado en gran parte las planchas originales. Dicho techo tiene tres niveles aunque mantiene el formato de dos aguas, lo que lo hace muy elevado, pues remata en una especie de linterna con respiraderos en forma de persianas por donde entra aire. Los bordes están cubiertos por un encaje de madera calada. En la parte frontal hay cuatro puertas de dos hojas cada una de aproximadamente ocho pies de altura y sobre el dintel un respiradero o tragaluz en madera calada; pero tras cada puerta hay otra de fina ebanistería llamada “persiana”, también de dos hojas, con paneles en su parte inferior y celosías con tablillas móviles en la parte media superior y remata arriba con otro calado o tragaluz.

Como no existía el alumbrado eléctrico público, su padre logró con unos amigos la instalación de una bombilla. “Juanito” (Juan Emilio Bosch Gaviño) iba por las noches a leer y escribir cuentos infantiles, divirtiendo a las hermanas Hernando de la Mota con sus ocurrencias.

Hoy, las tres hermanas, ancianas y solas, destacadas en la educación y la música, constituyen una fuente inagotable de conocimientos para quienes quieren investigar sobre La Vega. Su vivienda ha sido visitada por personajes de la talla de José Vasconcelos, y las hermanas cuentan con todo el respeto y cariño de un pueblo que las ama.

Por Rafael Hernández,

Profesor y Escritor Vegano.